Wednesday, August 03, 2005












ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DE CHACUEY


Nuestro primer contacto directo con los petroglifos de Chacuey fue más bien tardío en el 2004 aunque podemos decir que lo conocemos desde siempre por el libro del Ing. Emil Boyrie de Moya y el trabajo monográfico de Peter Febles y toda una suerte de informaciones y noticias de las màs variadas fuentes.

En alguna Ocasión siendo Director del Departamento de Arte Rupestre y Espeleología del Museo del Hombre Dominicano nos toco disertar acerca de este sitio y tuvimos que confesar que las noticias que ofrecíamos del sitio eran las que habíamos estudiados del Libro de Boyrie, no obstante dejamos saber que considerábamos la obra del pionero una de las mas acabadas de los estudios del arte rupestre dominicano.

Cuando conocimos el sitio comprobamos la agudeza y la inteligencia de Boyrie y aunque la realidad siempre supera las descripciones, las reseñas del maestro son poco menos que grandiosas.

Trataremos sin embargo de sustraernos de los estudios y razonamientos del maestro en muchos casos de acuerdo con el y otros con algunas diferencias de apreciación, pero con mucha admiración por su talento.

Una vez en el Río Chacuey antes aquellas piedras color gris azul muy lavadas y en algunos casos destruidas por la mano del hombre, me surgieron dos preguntas en las que descanso mi apreciación del sitio, primero, porque la elección de este sitio y segundo porque se apreciaba diferentes lugares de ejecución de las figuras y variantes en la concepción de los diseños.

Para la primera pregunta di por descontado la noticia de yacimientos arqueológicos cercanos, clara señal de asentamientos de cierta permanencia en la zona y su posible asociación con los autores de los petroglifos

Los petroglifos en su mayoría realizados a base de puntiagudos buriles que dejan finos percutidos que describen las líneas, en algunos casos localizamos el inciso o el percutido ancho.

Los petroglifos en su mayoría antropomorfos, zoomorfos y fitomorfos en algunos casos con tendencia a representar escenas en movimiento.

Entre las figuras mas importantes cabe destacar a Boynayel dios lloroso de la lluvia las aves unidas por el pico, escenas de caza; perros corriendo detrás de aves, figuras antropomorfas con complicadas indumentarias o tocados.

La densidad de diseños y las variaciones en la concepción de las mismas nos sugiere una gran cantidad de personas operando en la realización de las mismas y un largo periodo de tiempo

Nos llamo mucho la atención que ciertos petroglifos sobre todo figuras de aves unidas por el pico figuras antropomorfas estuvieran talladas en lugares en que en meses de lluvia o con la crecida del río quedarían cubierta por las aguas.

Las frecuentes figuras fitomorfas me hicieron pensar, que esta practica de emplazar los petroglifos donde las aguas lo cubrieran en los meses de lluvia podía corresponder a rituales de la fertilidad o alguna practica propiciatoria.

Sin embargo recordé una cita del cronista Pedro Mártir de Angleria en las Décadas del Nuevo Mundo donde narra lo siguiente: “cuando a un cacique le nace un hijo, acuden los reyezuelos vecinos y penetran en la alcoba de la reina. Cada cual saluda al niño de manera distinta con nombres que resaltan las cualidades y bondades de la región o familia “río rico” “refulgente como el latón” “altura” etc. etc. y el niño será llamado de estas maneras.

Los recién nacidos eran llevados inmediatamente a los ríos o arroyos donde eran lavados en una ceremonias purificatorias.

La relación de los aborígenes de la isla Española con el agua esta suficientemente documentada en las crónicas y relatos, noticias de prácticas curativas y propiciatoria. Por lo cual la existencia de sitios como Chacuey, solo confirman que además de las lavativas rituales a los recién nacidos en ríos y arroyos, estos eran demarcados seleccionando sitios específicos para estas, y el arte rupestre allí plasmado (es nuestra hipótesis) no son mas que los relatos de importantes ceremonias o nacimientos.

[1] Pedro Mártir de Angleria en las Décadas del Nuevo III libro VII-X